Pocas empresas se dan cuenta de que los datos que recogen o pueden llegar a obtener encierran un valor especial para potencializar su desempeño en el mercado.

Aunque muchos datos parecen simples y sin mayor impacto, estratégicamente gestionados y analizados, se pueden convertir en una gran fuente de información para hacer marketing relacional y diferenciarse frente a los competidores.

En este sentido no basta con conocer el nombre, teléfono o dirección de nuestros clientes, nuestras empresas deben ser capaces de identificar sus gustos, sus hábitos de consumo, su frecuencia de compra, sus preferencias, la cantidad y el tipo de productos y servicios adquiridos.

Sin embargo, no se trata de anexar esta información a unas bases de datos y listo, se trata de que toda la organización hable el mismo leguaje, definiendo unos parámetros. Muchas veces las diferentes áreas tienden a administrar y almacenar la información de formas completamente diferente. Según un estudio de SAS, empresa de software y líder mundial en Business Analytics, se estima que a nivel mundial el 80% de los datos que tienen a su disposición las empresas no son estructurados y sólo un 20 % se organiza en un registro coherente.

Por otra parte, se trata de analizar detalladamente la información que poseemos para crear, almacenar, mover, utilizar y retirar los datos de manera correcta al momento de la toma de decisiones, esto nos ayudará a lograr una mejor productividad y eficiencia operativa; incrementando la satisfacción del cliente y un aumento en la agilidad de la organización; así como también responder más rápidamente a los cambios en el mercado e incluso adaptarse al surgimiento de una nueva tecnología.

En conclusión, en nuestro mundo actual, tan globalizado, dinámico y competitivo, los datos son uno de los activos más valiosos con los que cuentan las empresas para generar conocimiento y tomar decisiones estratégicas que las diferencien en el mercado.