Para nadie es un secreto que el marketing nació con la idea de crear estrategias para que los públicos objetivos de cada organización tuvieran en cuenta los productos o servicios de determinada marca antes que los de la competencia. Pero, el objetivo de destacar en la mente del consumidor no puede realizarse sin considerar los demás aspectos del ser humano: su cuerpo físico (sus necesidades), su corazón (sus emociones) y su alma (su centro filosófico). El Marketing Emocional se hace necesario pues ya no basta con posicionar un producto en la mente del cliente, ahora es necesario encantarlo.

Diferentes expertos alrededor del mundo han definido y estudiado el Marketing Emocional, también conocida como lovemarks en inglés,  pues es claro para ellos que la psique humana no puede descuidarse al considerar únicamente la mente de las personas como el objetivo principal. De la mente pasamos al corazón, pero a la mayoría de marketeros nos falta apuntarle a un aspecto fundamental: el alma del cliente, el lugar donde se esconden los deseos y las inquietudes, donde la marca va más allá de su posicionamiento.

Según Philip Kotler, especialista en mercadeo, una marca siempre debe tener posicionamiento y diferenciación, manteniendo un equilibrio entre los dos conceptos. Este triángulo debe complementarse con Marketing Emocional y lo que él ha llamado el modelo de las 3i: integridad, identidad e imagen para apuntarle al alma y mente de los consumidores y así conquistar su corazón.

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