Si bien es importante que cuidemos las relaciones con nuestros consumidores, también debemos recordar el valor de los clientes internos, nuestros empleados.

Día a día se conocen más y mejores herramientas que facilitan la comunicación con los clientes externos y la forma de brindarles servicios o productos de alto valor. Pero así como nos preocupamos por demostrarles por qué somos la mejor opción, debemos mostrar interés por aquellos que hacen posibles estas relaciones rentables. Si internamente los colaboradores están satisfechos, es lo que transmitirán a los consumidores finales.

Invirtamos la pirámide de valor, démosle mayor importancia a los clientes internos y así aumentaremos la relación con los externos.

Lo que te queremos decir realmente, es que sabemos que los compradores son los más importantes, pues ellos son los que generan los recursos para que la empresa se mantenga. Sin embargo, es fundamental que entiendas que para que un cliente crea e invierta su dinero en un producto o servicio, es necesario contar con un personal que no solo entienda el valor de la empresa, sino que lo viva y lo lleve por dentro, como si fuera suya.

¡Cada detalle vale!

Así como escoges meticulosamente las acciones para tu cliente externo, aplícalo para tu cliente interno. Es momento de darnos cuenta de que un trabajador no es una persona que podemos reemplazar cuando queramos. Más allá de un equipo, crea una familia. Suena cursi, pero ¿quiénes están ahí para cuando los necesitamos?