Se dice que el cliente es lo primero y en realidad sí lo es. Conocer a los clientes es fundamental para ofrecerles buenos productos y servicios, además contar con sus opiniones hace que las estrategias de mercadeo sean exitosas porque ellos saben que los tienen en cuenta y los escuchan.

Cristina Quiñones, autora del libro Desnudando la Mente del Consumidor, asegura que las organizaciones “deberían entender que el futuro de las empresas se encuentra en sus propios consumidores y que al no conocerlos están perdiendo grandes oportunidades de mercado”. Es ahora cuando las marcas deberían establecer una buena estrategia de relacionamiento que les permita centrarse en el cliente.

En el libro se destacan seis errores que en ocasiones las organizaciones cometen y que hacen que se olviden del consumidor. Los compartimos contigo para que los tengas en cuenta al momento de crear tu estrategia de relacionamiento.

Creer que las decisiones de consumo están sujetas el costo beneficio.

Más que centrarse en el precio del producto y compararlo con el de los competidores, las marcas deben llegar al corazón de los consumidores. El marketing debe generar sensaciones y recuerdos en el cliente, pues solo de esta forma se llega a su corazón y se mejora la experiencia de servicio.

Pensar que los productos son buenos porque muestran superioridad frente al consumidor.

“Se trata de tener en cuenta que para ser bueno no sólo hay que serlo, sino parecerlo”. Es importante saber qué es bueno y qué es calidad desde la perspectiva del consumidor. Así, entre mayor información se tenga del cliente será más fácil se creará una percepción positiva.

No mostrar los beneficios del producto al consumidor.

Hablar únicamente del producto puede ser aburrido. Para llegar al cliente hay que enfocarse en los beneficios que este ofrece. Es importante ligar las ventajas con la experiencia, la personalidad, el estilo de vida y la conducta del consumidor.

Pensar que los consumidores quieren lo mismo.

Y por querer lo mismo nos referimos a “calidad, buena apariencia y buen precio”. Esto no es suficiente, el consumidor necesita soluciones que lo ayuden a “completarse, es decir que llenen sus vacíos o carencias o también sus aspiraciones”. Por lo tanto, la capacidad de adquisición no debe ser la única variable de segmentación.

Pensar que las decisiones de consumo se dan en forma aislada.

“El individuo no puede ser visto como un individuo sino como parte de un colectivo”. Es así que los productos no solo deben destacar los beneficios para la persona sino también para la familia y su grupo social de pertenencia.

Considerar que el consumidor sabe lo que quiere y que es capaz de decirlo.

Las expectativas y deseos de los clientes cambian constantemente: puede ser emocional, volátil e indeciso. Lo importante es “sumar nuestra razón, nuestra emoción e intuición cuando de comprender al consumidor se trata”.

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