Hablar de buenas prácticas en RSE exige conocer modelos que implementen soluciones sociales innovadoras y que tengan como objetivo clave la sostenibilidad. Pensando en esto, hablamos con Daniel Suárez Mejía, VP de Asuntos Corporativos de CEMEX, él compartió con Speak1to1 la esencia del modelo de sostenibilidad en CEMEX, una compañía con presencia en más de 27 municipios del país, a través de 6 plantas de cemento, cerca de 60 plantas de concreto y 6 canteras directas.

La RSE, un compromiso de la organización

Independiente a la definición, la RSE debe ir más allá de lo que le obliga la ley. Trabajar con la comunidad no para la comunidad, entendiendo las necesidades reales y sus expectativas, no remplazar al estado, en lo posible no hacer filantropía, al contrario, que sea un compromiso real que genere valor para ambas partes.

La forma en que nosotros vivimos la RSE en CEMEX es bajo una metodología transversal a toda la organización, basada en cuatro pilares: lo social, lo ambiental, lo económico, y la gobernanza.

¿Qué vía han definido para desarrollar la RSE de la organización?

Nosotros nos hemos especializado en lo que más fuerte somos, en vivienda e infraestructura. Con un objetivo, la reducción de pobreza extrema. La vía está dada en vivienda e infraestructura con un objetivo que además le apunta a los objetivos del milenio.

¿Cómo abandonar el asistencialismo para entrar a la construcción conjunta?

Es necesario dejar el asistencialismo porque realmente tiene más impactos negativos que positivos, debemos identificar que genera valor para ambas partes.

Pero no es por el hecho del valor sino por el hecho de que se vuelve de esta manera más sostenible, es más apreciado por la comunidad y va a garantizar que los beneficiados identifiquen el valor y reconozcan que sí es un programa de largo plazo, con un objetivo tangible para ellos. Así van a confluir esfuerzos para que estos valores se den.

Luego resumo esto en algo que puede sonar muy sencillo, pero que tiene un gran fondo y es no trabajar para la comunidad, si no con la comunidad.

Cuando uno viene con un programa y lo trata de implementar pero no ha sido consultado, no ha sido socializado, ni entendido por las dos partes, pues lo único que va a ser, seguramente, es un programa de RSE asistencialista, que se le ocurrió a una sola de las partes.

Al contrario, cuando se trabaja con la comunidad, ellos aportan, critican y construyen y así va a ser valorado por ambas partes.

¿Cómo enfrentar el reto de lograr que las comunidades vean que la efectividad es visible a largo plazo?

Dependiendo de lo que la organización ha hecho en el pasado, de esta manera lo va a percibir la comunidad. Dependiendo de cómo nos venimos comportando con un grupo de interés, así será lo que esperen de nosotros.

La forma en que nosotros lo hacemos es con un ejercicio juicioso de alineación de expectativas. Cuando uno trabaja con la comunidad se debe tener muy claro ¿cuál es el objetivo? ¿Cómo lo va a ejecutar? ¿ Cuáles son los mecanismos? ¿Cuáles son los indicadores? Y cuáles son las expectativas, ¿qué va a pasar?

Hablar con transparencia y claridad son definitivamente las bases del relacionamiento, alineación de expectativas y saber decir no a muchas situaciones.

Bloquera solidaria

Para ejemplificar este modelo, Daniel Suárez compartió con nosotros uno de los programas insignias de CEMEX, Bloqueras Solidarias, esta es una iniciativa de encadenamiento productivo, enfocado en erradicar la pobreza extrema.

¿En qué consiste?

Es una etapa dentro de un programa global que tenemos llamado PIAC, Programa Integrado de autoconstrucción sostenible, allí CEMEX provee la capacitación en la producción de bloques de concreto, la maquinaria y la materia prima.

Una familia de cuatro personas está en capacidad de construir mil bloques en un día. Nosotros como compañía suministramos la máquina, suministramos el material. La comunidad se capacita para producir mil bloques. La mitad de los bloques de concreto producidos son propiedad de las familias beneficiarias para que puedan ser utilizados en la mejora o construcción de sus viviendas. El otro 50% queda a disposición del proyecto para ser comercializado y de esta manera garantizar el sostenimiento del programa.

En Colombia hay un déficit de 1.3 millones de viviendas esto es cuantitativo (personas que no tienen vivienda), y cualitativo (personas que viven en hacinamiento) de cerca de 3 millones de viviendas.

El resultado de la comercialización de esos bloques se invierte en la siguiente familia que viene a construir y así hacemos que sea sostenible en el tiempo, porque el producido beneficiará a la siguiente familia.

Pero resulta que la expectativa de la familia es que se queden en vivienda, entonces ahí es viene la segunda etapa, entran estos aliados, suministramos el resto de materiales necesarios para construirlo y una tercera etapa que es construir con estudiantes de último grado de ingeniería y arquitectura, quienes donan su tiempo para ayudar a construir estas viviendas.

¿Cómo lograr sinergias? 

Hemos llegado a otra etapa de la RSE en donde nos damos cuenta que esto no es de reserva de compañía, ni es de celos de tenerlo un programa corporativo. Entre más personas lo conozcan, entre más personas estén dispuestos a colaborar, serán mejores los resultados.

Lo que uno busca es apalancarse con otros que tienen la misma intención y que tienen también esfuerzos. Esto también es de lógica matemática, cuando un esfuerzo une esfuerzos pues hay mayores resultados.