Recordar con precisión los detalles de un espacio, como su nombre, los colores y el ambiente, solo es posible cuando la experiencia que vivimos allí, en torno al consumo, ha sido particularmente especial. La lista de restaurantes visitados a lo largo de nuestra vida puede resultar bastante extensa, pero seguramente no habrán más de cinco lugares que recordemos con detalle y a los que decidamos volver.

En un rincón de Chapinero alto, en la calle 58 con 3a, se encuentra El Restaurante El Cebollero, un espacio dispuesto para que los visitantes se desconecten del movimiento de la ciudad e ingresen en un ambiente familiar, mucho más próximo al campo de nuestro país.

El Cebollero es una representación visual de los tradicionales buses intermunicipales en los que se transportaba en su infancia el Chef del restaurante, Andrés Nieto.

Las visitas a su abuela en Villa de Leyva en el bus “cebollero” le permitieron tener ese primer contacto con el campo, que lo inspiró a apostar a lo artesanal, a través de perros calientes elaborados con ingredientes naturales, prometiendo una experiencia única, con el principal objetivo de que en cada compra el cliente salga feliz.

1. Comunicación cercana. “La clave del buen servicio está en tratar a nuestros clientes como amigos”.

Desde el ingreso, los comensales pueden percibir en los detalles una clara huella de la esencia de marca: sillas de madera, jardines verticales, floreros artesanales y elementos que evocan el ambiente del campo.

La atención es inmediata, el mesero recibe al visitante con un saludo cercano, presentando la carta compuesta por nombres de poblaciones cundinamarquesas, salchichas de pollo, cerdo, pescado e incluso conejo, que contienen solo el 5% de grasa, como enfatiza el mesero, además de una nutrida lista de complementos traídos directamente del campo, cumpliendo así su promesa de ingredientes naturales.

2. El cliente interno es embajador de la marca. “Cada persona de esta familia le mete corazón a su trabajo y eso se ha reflejado en nuestro crecimiento.”

Luego de recibir la carta, el mesero hace una breve reseña de los platos principales en los que se destacan ingredientes propios del país; luego se proponen una serie de complementos para hacer más satisfactoria la experiencia.

“Tú entras y no te vemos como un cliente si no como un amigo y así lo comunicamos, desde un buen plato, que se hace con amor y buenos ingredientes, hasta un buen servicio, con calidad humana. El Cebollero reúne pequeños espacios con mucha magia”. Michael Blanco.

3. Cumplir la promesa de valor. “Buscamos que con nuestra cocina los comensales vivan y perciban el campo”

 El Cebollero: Cocina con 50% de amor 50% de ingredientes naturales.

El tiempo de espera da lugar a una detalla observación, es inevitable cruzar la vista por los aditamentos ubicados en el techo, botellas de cervezas entrelazadas con luces, la alcancía sobre el mostrador y la pesa que evoca la medición de los productos naturales en su punto de venta. Todo esto en un fondo rojo que para Michael Blanco, fundador, representa ese 50% de amor con el que preparan sus recetas.

La visita termina con una valoración del servicio, nada más importante que conocer la percepción de la experiencia. Luego de hacer el pago, el cliente se encuentra en frente de una campana, el elemento para calificar el servicio. Seguramente, la intención de tocar la campana aparecerá de nuevo y para eso visitar más de una vez El Cebollero parece una buena idea.

“Bienvenido a tu segunda casa, porque nos interesa tu bienestar en nuestra cocina usamos 50% de ingredientes naturales y 50% cocina con amor; para que pases un rato mágico e inolvidable. No olvides tocar la campana si saliste feliz.”