Los seres humanos buscamos por naturaleza pertenecer a algo superior a nosotros mismos, algo que haga palpable la idea de que estamos cambiando, de una forma u otra nuestro entorno y dejando nuestra huella en este mundo. Algunos ven a la religión como una forma de lograr esto, otros a la fama, mientras que unos creen que las causas sociales son la forma de ser parte de este propósito mayor.

Hasta hace poco existía el paradigma de que sólo unos pocos podían lograr esta conexión especial por medio de sus trabajos, sin embargo al día de hoy sabemos que esto no es verdad gracias al liderazgo colaborativo, que consiste en palabras de Camelia Ilie, Decana de Executive Education de INCAE, en “ayudar a las personas a desarrollar su trabajo y tomar decisiones pensando en el propósito de la organización, más allá de su puesto, equipo o unidad de trabajo. Cuando las personas trabajan con este alcance se sienten más motivadas, desarrollan un mayor nivel de empatía y toman decisiones pensando en el impacto que éstas pueden tener a nivel transversal en la organización”.

Los empleados que trabajan en empresas que aplican el modelo de liderazgo colaborativo tienden a no solo pensar en cumplir sus objetivos personales dentro de la organización, sino que también se enfocan en beneficiar a los otros departamentos de la misma, con la firme convicción de que así pueden lograr mejores resultados como grupo, es decir, trabajan en conjunto consientes del trabajo de las otras áreas para lograr así un relacionamiento más efectivo con el cliente, cuando este entra en contacto con diferentes departamentos de la empresa, por lo tanto manteniendo la identidad de la empresa coherente durante toda la relación entre la marca y el cliente.

Una empresa promedio puede entenderse como una granja donde existen tres tipos de animales: los laboriosos y emprendedores gallos, los obedientes pero conformes perros, y los sagaces y destructivos zorros. Gracias a una investigación del profesor de liderazgo y gestión de la innovación en la Escuela de Negocios ESCP Europa y co-autor del libro Freedom Inc. Isaac Getz, sabemos que en la empresa promedio un 27% son gallos, es decir están motivados por su trabajo y buscan tener cada vez un mejor desempeño; 59% son perros, cansados y que siguen ordenes, pero no demuestran iniciativa propia; por último el 14% son zorros, empleados activamente descomprometidos que sabotean los avances de sus compañeros.

Por medio del liderazgo colaborativo las empresas pueden cambiar estos desalentadores números disminuyendo los porcentajes de perros y zorros y aumentando la cantidad de gallos aplicando las siguientes practicas:

  • Mantener una igualdad intrínseca en la compañía: es decir no solucionar problemas por el empleado, puesto que esto lo hace dependiente y conformista.
  • Promover espacios de crecimiento personal: es darle al empleado las oportunidades para que se conecte con la empresa y que relacione el crecimiento de esta con el suyo, motivándolo a desempeñarse mejor.
  • Permitir un movimiento libre: esto significa darle suficiente independencia al empleado para que se pueda involucrar voluntariamente en proyectos de su interés y que así tome la iniciativa cuando los proyectos requieran mejoras.

Estas prácticas son fundamentales cuando hablamos del impacto del liderazgo colaborativo en el marketing relacional, ya que cuando se tiene una cultura empresarial proactiva se logra un relacionamiento mucho más efectivo con los clientes, quienes verán en la empresa no solo a un proveedor de servicios, sino también a un grupo humano excelentemente organizado que trabaja por su satisfacción de manera coherente.

Las organizaciones son como relojes, donde cada pieza juega un papel de suma importancia y sin la maquinaria completa y engranada no podría funcionar adecuadamente. Pero a diferencia de los relojes, las piezas de una empresa, los clientes internos tienen emociones, aspiraciones e ideas, por lo que se les debe dar la libertad para explotarlas al máximo y así lograr resultados más efectivos que le permitan a la organización dejar relucir su lado humano y construir una relación más natural y fluida con el cliente.

Está comprobado que el cerebro humano tiende a inclinarse por formas redondas como las que se suelen encontrar en la naturaleza por encima de las rectas y angulosas que tendemos a relacionar con objetos de origen artificial, esto no solo aplica en las formas visuales, sino también a aquellas que solo podemos percibir por medio del contacto humano.

Un cliente siempre preferirá a aquella empresa que percibe más natural y orgánica (redonda), es decir aquella que se mueve libremente y de forma fluida; por encima de una con procesos humanos automatizados que sugerirían más bien un intento de comunicación con un autómata incomprensible y alienígena que una relación entre seres humanos. Aquí recae la importancia del liderazgo colaborativo en el mundo de las relaciones entre clientes y organizaciones.