Naturalidad, el ingrediente base para que una marca se vuelva amiga de la gente a la que le habla. “Yo no quiero ponerle cuidado a un vendedor, quiero ponerle cuidado a alguien que tenga la capacidad de hablar como yo, de interesarse por lo que a mí me interesa”.

Un principio básico que a veces parece tan simple, que en ocasiones termina perdiéndose en nuestros múltiples esfuerzos por llamar la atención de “consumidores” que no son otros, que personas como nosotros. Al “consumidor” no hay que analizarlo, hay que sentirlo, así como sientes a tu mamá, a tu novio, a tu mejor amigo o al que te topas en el bus.

Un principio básico, que marcas tan grandes como Coca-Cola, Sprite, Chiclets Adams ya entendieron desde hace años, más cuando esa persona a la que le hablan es un adolescente. Un joven no tiene tiempo que perder en cosas que no le interesan, no quiere tratar de entender a una marca que no lo entiende a él y que no le habla de tú a tú.

Me relaciono con los que hablan como yo y punto. Por eso “La verdad refresca”, pongo el hashtag #UnAmigodeVerdad y le digo “Dale” a Chiclets. Los jóvenes son irreverentes, recorren un camino en el que ser entendidos es uno de los puntos destacados, y por eso su verdad, sus reglas y su mundo lo son todo.

Quieren que el mundo sea según su versión y buscan marcas que realmente se tomen la tarea de conversar con ellos.