Desde el momento justo en el que comenzamos a interesarnos en este cuento, muchas de nuestras actitudes, sin planearlo van cambiando y nos convertimos en la prueba misma del resultado del marketing relacional aplicado a nuestra vida personal y sobre todo profesional.

Con el paso del tiempo y bajo la tutoría e influencia de centenares de personas que se cruzan a lo largo de nuestra carrera profesional, nuestro cerebro poco a poco se va impregnando de ideas y conceptos que si bien son aprendidos bajo un ambiente netamente “mercantil” por decirlo de alguna manera, se vuelven sin querer en los pilares de nuestra vida personal y sobre todo profesional.

Un ejemplo sencillo es ver como una persona conquista a otra en nuestro medio. No es raro escuchar que el interesado primero va a “hacer un estudio de mercado” para saber lo que le gusta a dicha persona, “que ha estado haciendo un benchmarking” como para saber quién es su competencia y cómo venderse mejor, “que está montando una estrategia” para que esa persona se fije en él o “que ya lanzó la campaña” y que va con toda para llegar a estar con esa persona. Este es solo uno de los miles de ejemplos que se pueden dar para demostrar que el marketing sin querer se vuelve una parte de nuestras vidas, llegando incluso a ser una obsesión.

Ahora bien, durante nuestra carrera profesional también hay que aplicar esta serie de conceptos aprendidos mediante los cuales nos aseguramos de llegar a ser los profesionales que esperamos.

 

Las ofertas laborales.

Cuando recibimos una llamada de trabajo, automáticamente investigamos el mercado (en este caso la empresa) para conocer su comportamiento y nos volvemos expertos en tiempo récord en identificar sus fortalezas y necesidades, incluso antes de escucharlo de ellos. El día de la entrevista, mientras esperamos nuestro turno, hacemos un análisis de la competencia (benchmarking) y los más arriesgados hasta se aventuran a iniciar una conversación de la cual puedan sacar la mayor información de su competencia y así entender a que nos enfrentamos. Durante la entrevista confirmamos sus necesidades y sacamos conclusiones relevantes para ir creando una estrategia con la que podamos vender el producto o la marca (ese producto vendríamos siendo nosotros mismos), pero hasta ese momento no hemos hecho lo más importante del marketing relacional y que será el paso siguiente y que tendrá que ser constante desde el momento en el que nos contratan… Permanecer.

Es ahí donde las necesidades de nuestro mercado se vuelven cada vez más importantes, escuchamos con atención y hacemos lo necesario para satisfacer debe ser lo primero en la lista y con el tiempo y el conocimiento adquirido del mercado es aprendemos incluso a adelantarnos a ellas, todo con el fin de que la relación con el cliente (la empresa) sea aún más cercana.

Cuando trabajamos en este medio, es fácil darse cuenta que cada cosa que hacemos en nuestra vida profesional, se rige bajo los preceptos de la publicidad y el marketing y que cada acción hace parte de una estrategia, que aunque algunos no la hallan realizado conscientemente, siempre existe porque se encuentra escrita de alguna forma en nuestro sistema y lo hacemos automáticamente.

Muy seguramente quienes cuentan con la astucia de hacerlo conscientemente, tienen a su favor que cada estrategia y cada acción será meditada para lograr un objetivo definido con anterioridad y sean ellos quienes se destaquen más que los demás.